Responsabilidad Crítica

Haz clic aquí para leer el excelente artículo que escribió nuestro profesor Frank Julio Aguilera sobre la Responsabilidad Crítica

 

 frank_aguilera

¿Cuál es el mejor gobierno?

El que nos enseña a gobernarnos a nosotros mismos.

Johann W. Goethe

 

El enciclopedismo que sin duda alguna sirvió para clasificar los elementos del entorno , sirvió también para hacer del mundo una cuadrícula inseparable de la vida humana moderna; a partir de allí todo descubrimiento debía pertenecer a una categoría, todo esto en nombre de la organización cognitiva. Con el arte sucedió lo mismo: la música se empezó a diferenciar de acuerdo con movimientos culturales, sociales e históricos, la literatura se volvió Barroca, romántica, modernista, existencialista, etc; dados sus patrones de contenido y forma cada nuevo texto estaba al filo del peligro de ser clasificado dentro de algo mucho más grande, una categoría que trascendía a su propia existencia.

Con el devenir histórico hemos optado por la aceptación pasiva de cada nuevo análisis literario sin cuestionar sus componentes, su estructura metodológica e incluso la intención de sus autores; hemos olvidado lo que se siente tener en las manos un ejemplar de “Edipo rey” y apasionarnos no porque pertenezca a la tragedia griega sino porque a ningún humano ha de serle fácil representar en su propia realidad a un Layo, a una Yocasta, a un Edipo, para luego cargar con el lastre del destino que está presente para ser testigo y juez a la vez, pero seguramente, alguna vez quisiéramos tener un oráculo al cual preguntarle cómo son las cosas y tener todo resuelto desde el principio sin preocuparnos por lo que sigue. He aquí el gran problema, que con base en lo que otros dicen, piensan y sienten nos construimos, sobre la firme premisa que asevera que porque lo dice otro así debe ser; no hemos podido desligar a la escuela de la concepción del docente como conocedor de todo y el estudiante como “tábula rasa”, le tememos a una clase donde el estudiante pueda llegar a rebatir con argumentos lógicos nuestros presupuestos más científicos y sin embargo nos sorprendemos porque llegan a 11 sin saber argumentar. Es un fenómeno bastante conocido que a medida que el sujeto humano crece, deja de preguntarse por las cosas pues el entorno mismo le va dando todas y cada una de las respuestas, nos vamos volviendo enciclopedias ambulantes llenas de información pero sin conocimiento, sin abstracción; leemos bastante pero no escribimos, cada vez nos es más difícil encontrar la relación entre Don Quijote y la paradoja social en la que nos encontramos, censuramos que un estudiante tenga un Blackberry en clase cuando en nuestros espacios libres ya no socializamos por estar conectados a la fantástica red; estamos cayendo, casi sin darnos cuenta, en la gran máquina placebo de instantes inconclusos y respuestas certeras.

Afortunadamente el colegio José Max León, tiene como uno de sus pilares la responsabilidad crítica (que no es lo mismo que la criticadera) a cuya base subyace toda una propuesta epistemológica que cree en el sujeto como parte activa dentro de su contexto pues “cumplir en silencio nuestros deberes” no implica aceptar las ordenanzas de un ente lejano y abstracto, sino la reflexión personal de sabernos parte de un todo en comunidad, con roles establecidos, con voz y voto, sin pretensiones narcisistas de “vean mi trabajo , ¿es muy bueno cierto?”; la palabra clave es: silencio, que en este contexto viene a ser sinónimo de introyección de toda una comunidad en un sujeto concreto, que trabaja en pro de una sociedad en la cual el acervo histórico de la corrupción deje de ser nuestro pan diario, donde ese egoísmo posmoderno que nos corroe bastante llegue a ser un gran trabajo en equipo; el silencio no se impone, se gana en cada clase cuando hablamos de números y letras con pasión, con sesiones preparadas no para que el estudiante salga con una gran cantidad de datos organizados en la enorme enciclopedia que es su cerebro sino para que se maraville con la infinita cantidad de posibilidades que tiene al usar el conocimiento como estrategia pragmática; ese es el verdadero silencio, aquel que sabe callar cuando deslumbrado por el mundo se descubre cuán ignorante se es. Solo cuando esto pase podremos “reclamar en voz alta nuestros derechos” dado que levantar la voz significará que cada estudiante, docente y directivo se reconoce en el otro como una posibilidad de mediaciones efectivas y no como enciclopedias ambulantes sin conocimiento del contexto, donde la primacía del individuo no esté por encima del bien colectivo.

Frank Julio

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