Leviatan
 
Es cierto lo que algunos lectores no entusiastas de este libro han criticado: el que no haya leído Moby Dick pasará las páginas como quien asiste a una conversación ajena sobre personas que no conoce.
 
Sin embargo, la riqueza de imágenes, el rigor de la investigación, el juego que se establece entre ciencia, historia y literatura, la actualidad de ciertas problematicas aquí expuestas, "la libertad suprema de la escritura" (como diría Antonio Muñoz Molina) hacen de éste, un texto ejemplar: terminando su lectura, entiendo y afirmo la naturaleza doble de nuestra especie. Compuesto por dos caras radicalmente disímiles, el ser humano es un depredador asqueroso, inconsciente hasta la estupidez, ambicioso hasta el suicidio, violento con todo lo que se mueve. Pero también es capaz de recapacitar y crear, entender y proteger. El arte y la escritura, nuestro constante esfuerzo por alcanzar la belleza, hacen parte de la otra cara. 
 
Hoare sintetiza en este libro estas dos caras. El ballenero macabro (con su versión monstruosa de edificio oxidado, surcando los hielos del Polo Norte actualizada bajo la mentira de un proyecto de "investigación" japonés) mira hacia el universo con sed de sangre, ambición sin límite por el dinero y la imbecilidad de quien se cree superior a su propio entorno. Los conservacionistas, los biólogos, los directores de Fundaciones para la protección, los niños encantados con los soplos de estos monstruos marinos, que contemplan sus lomos lisos desde la costa, son la otra cara de nuestra especie; la que busca entender antes de explotar, admirar antes de matar, la que aprecia la libertad de sentirse en un universo en donde todos sus integrantes (sin importar su tamaño, extrañeza o potencial comercial) tiene un lugar por derecho propio.